#PoesiaDeVida Mate Compartido (como sino?)

Preparó su termo con la yerba y los bizcochitos, limpió el mate con cuidado, lo puso en la matera, se abrigó bien con un camperón de cuero y corderito. Se colgó la matera al hombro, se sujetó al bastón y abrió la puerta de calle.
Con paso cansino, sin prisa, su mirada cuidando el suelo para evitar las imperfecciones cotidianas. 
Hizo un ademán y el colectivo de la línea 87 se detuvo, por suerte consiguió lugar, es que desde Pacheco viajar parado a su edad era una aventura demasiado riesgosa.
Miró los diferentes paisajes que dibujaban los interminables minutos que sumaban horas, se sorprendió una vez más de la velocidad de los otros, de los mundos infinitos que enfocaban sus miradas sobre la pantalla de celulares, ignorando todo a su alrededor, y él cómo privilegiado espectador sabía más, guardaba el secreto de la vida y nadie quería saberlo, pues perdían sus sueños en los sueños de otros y de miles. 
Se durmió un rato, soñó con la playa y el encuentro entre fogones. Lo despertó una voz que gritaba CHACARITAAAAA!!!! El chófer con la sutileza de un elefante ciego en un bazar de cristal lo despertó en su destino.
Descendió con la misma calma anterior, total el tiempo hacía rato que había dejado de asustarlo. 
Caminó por los caminos verdes de paisajes entre tumbas con algunas flores plásticas.
Se sentó en un banco del camino, sacó el mate, preparó con cuidado la yerba y vertió el agua caliente y luego la bombilla de alpaca, tomó un sorbo y mirando a la tumba que tenía enfrente dijo, está como te gusta a vos amigo. Y se pasaron las horas en el silencio de la contemplación, el trino de los pájaros curiosos que se acercaban a mirar, entre mate y mate, porque la amistad atraviesa el velo de la muerte, y permanece para siempre. 

Guardó el mate, y se marchó por donde vino, con el secreto de la vida entre sus manos...

Aldo J. Barone

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